El director adjunto de El País, Jose María Izquierdo, ha publicado en su periódico este artículo. Tras leerlo, sobrepasado por el estupor de descubrir a un boix noi en la jefatura de un periódico que presume de serio, me he dado cuenta de lo fácil que es ejercer el periodismo. Usando como plantilla el artículo del insigne boix noi, le he dado la vuelta la tortilla. Y pese a hacerlo en broma, he tenido que rebajar algunos adjetivos del original para no caer en el rubor y la violencia verbal. La técnica es sencilla. Se toma a un personaje público al que se le tenga manía (Izquierdo toma a Mourinho; yo tomaré a Guardiola) y, tras llenarlo de exabruptos, se le asocia a un político turbio, en este caso Mayor Oreja (lo dejaré por pereza, aunque se podría utilizar a Blas Piñar, a Otegi, a Rubalcaba, a Camps o a quien más rabia te dé). Veamos. Donde Izquierdo pone a jugadores del Barça, yo pongo a jugadores del Madrid y viceversa, pero el artículo es el mismo. El mismito, periodismo de calidad, aunque un pelín ultra sur, claro:
David Villa, asturiano, 29 años, delantero centro del Barça, representó el miércoles pasado, en el partido de la final de la Copa del Rey frente al Real Madrid, el más llamativo aspecto de la falsa víctima, ése que con tanto empeño persigue como referente, honra y prez de su concepción del fútbol, y me temo que de la vida, ese personaje inquietante que es Guardiola, catalán de Sampedor. Con las cámaras de televisión teledirigidas a los pies de Arbeloa, se vio a la perfección cómo este agradable muchacho, de aspecto distinguido y maneras educadas, recibía con saña los tacos de una patada de David Villa, para más deshonra compañero suyo en la selección nacional. ¿Obnubilación? En la primera parte, en la línea del campo que le correspondía por alineación, Busquets ya había avisado en la pierna de Xabi Alonso, y vimos cómo Villa, ya hemos dicho que buen chico de valle minero, se unía a la tangana posterior para presionar al árbitro. La falta, como todas las de Alves, quedó sin tarjeta. De nuevo, la televisión nos mostró la cara del agresor -"yo soy muy bueno", decía- y la del agredido, que apenas si podía salir del asombro que le causó el comportamiento de su contrincante.
Podríamos señalar, por el contrario, cómo el problematico Pepe, 27 años, pateador de pro como mandan los cánones en cualquier mediocampista que ha dejado la muesca de su excesiva potencia en lances de partidos , hizo en todo el partido del miércoles, 120 minutos, ¡cuatro faltas!, y eso que jugó para taponar las salidas del Barça, el puesto más proclive a rebañar tibias, tobillos y lo que se tercie, como bien saben y todo el mundo reconoce, excepto los árbitros, Mascherano, Busquets y Alves. Lo demagógico sería decir que un joven de familia humilde y mejores sentimientos se convierte en un agresivo émulo de Histrión porque tiene al auténtico Histrión, aunque suave, de entrenador, guarda de la jaula y sicólogo conductista. Alguien que le inocula ánimo de victoria, dice Lucifer, aires tramposos dice cualquiera con dos dedos de frente. Por contra, el enérgico Pepe, dientes y tacos afilados, se mueve desde que llegó al equipo donde ahora milita en un entorno más civilizado, donde se hacen faltas, claro, y en ocasiones horrorosas, pero que no se fingen patadas que no se han recibido ni se humilla al rival en la victoria con manitas, ni se encienden aspersores en la derrota o tiran cabezas de cerdo en la batalla. ¿Demagógico? Cierto, por lo menos, ya es.
¿Es Guardiola, ese tipo inquietante que corrompe todo lo que toca, desde el fútbol "a lo Arrigo Sachi” a las reacciones descontroladas de los jugadores, desde el sentido del deporte al victimismo ridículo, de la actitud farisea con los árbitros a las relaciones con la prensa, a la que tiene a su merced,? Tal que Jaime Mayor Oreja con sus toneladas de despreciable basura en los volquetes que llena para descargarlos en los alrededores del ministro del Interior y, por extensión, en los del Gobierno en pleno. Recluido ya en los medios de extrema derecha, el exministro del Interior, tan demócrata y tan cristiano, no tiene el menor empacho en utilizar el terrorismo como arma de destrucción del enemigo. Que para él no hay adversarios.
Y si en ambos casos los ejecutores del tajo y la bazofia son quienes hemos citado con nombre y apellido, qué duda cabe, muchos les acompañan en la complacencia del silencio, cuando menos, o del apoyo más o menos directo cuando más. Sandro Rosell, Tito Villanova o los jugadores que no recriminan a Messi el balonazo al público del Bernabeu (que podía haberse llevado por delante a un niño) deben llevarse la parte alícuota de la vergüenza. Como Mariano Rajoy o Dolores de Cospedal, tan contentos y sonrientes de que sus licántropos les hagan el juego sucio mientras ellos fungen, o lo intentan, que ya no cuela, de amigables centristas.
Cómplice, RAE: "Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas".
Es curioso hace un mes El Pais también escribió un editorial muy parecido a este artículo en su sección "Con acento". Lo sorprendente es el parecido con este artículo. Pero, en vez de Mayor Oreja para arremeter contra Mourinho, empleaban a Evo Morales. O sea, que lo debió escribir el mismo fanático. El tal Izquierdo no debe dormir por las noches pensando en Mourinho.
ResponderSuprimirQué delito ha cometido Mourinho para que le odien tanto??? No lo entiendo. ;-) Manel
ResponderSuprimirEl delito de querer ganar al Barça y, en el colmo de la grosería, lograrlo. ¡Y con un juego vertical, sin tiqui-taca! ¿cabe mayor desprecio al rival?
ResponderSuprimirPero se dice boix noi o boixo noi???
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